En los últimos años, las pantallas se han vuelto parte habitual de la infancia.
Están presentes en la casa, en el colegio y en los momentos de descanso.
Sin embargo, cada vez más familias se preguntan si esta exposición temprana realmente acompaña el desarrollo infantil o si, por el contrario, está reemplazando experiencias fundamentales para crecer.
Jugar no es solo entretenerse. Para niñas y niños, jugar es conocer el mundo a través del cuerpo, los sentidos y la imaginación. Y para eso, la experiencia real sigue siendo irremplazable.
El problema no son solo las pantallas, sino lo que reemplazan
El desafío de las pantallas no está únicamente en su uso excesivo, sino en lo que desplazan:
el movimiento libre, la exploración sensorial, la manipulación de objetos reales y el tiempo de juego sin estímulos predeterminados.
Cuando un niño juega frente a una pantalla:
-
el ritmo está dado desde afuera
-
las imágenes ya vienen completas
-
no hay espacio para transformar, imaginar o descubrir
En cambio, el juego con objetos reales permite que el niño sea protagonista, no espectador.
Jugar con el cuerpo: una necesidad biológica y emocional
Durante los primeros años de vida, el desarrollo ocurre principalmente a través del cuerpo.
Moverse, cargar peso, empujar, apilar, equilibrarse y repetir una y otra vez una acción no es algo accesorio: es la base sobre la que se construyen la confianza, la coordinación y la seguridad interior.
Distintas miradas del desarrollo infantil coinciden en que el aprendizaje temprano no parte de lo intelectual, sino de la experiencia corporal directa.
Antes de comprender conceptos, el niño necesita vivirlos.
Por qué los materiales simples abren más mundos
Los juguetes demasiado definidos —con formas exactas, colores cerrados y funciones únicas— dejan poco espacio a la imaginación.
Todo está dicho de antemano.
En cambio, los materiales simples y abiertos invitan a completar la experiencia desde dentro:
-
una rueda puede ser un volante, una moneda o una luna
-
un bloque puede ser una casa, un puente o un animal
-
una estructura puede transformarse cada día en algo distinto
Aquí aparece la madera no como una estética, sino como un material que no lo dice todo.
Tiene peso, presencia, temperatura y textura.
No impone una narrativa cerrada, sino que deja espacio para que la imaginación actúe.
Madera, imaginación y juego simbólico
Desde distintas corrientes pedagógicas se destaca el valor de los materiales naturales y no estructurados para el juego infantil.
No porque sean “mejores” en sí mismos, sino porque acompañan el desarrollo sin dirigirlo.
La madera, al no representar de manera literal, permite que el niño transforme el objeto una y otra vez.
Ese espacio de indefinición es el terreno donde nace el juego simbólico, la creatividad y la capacidad de imaginar mundos propios.
Volver a confiar en el juego real
Acompañar la infancia hoy no significa eliminar las pantallas de forma radical, sino reordenar prioridades.
Antes que estímulos externos constantes, niñas y niños necesitan tiempo, espacio y objetos que les permitan relacionarse con el mundo de manera activa y viva.
El juego real no compite con la tecnología.
Cumple una función distinta y esencial: construir desde dentro las bases del desarrollo humano.
En resumen
Cuando los niños juegan con objetos reales, abiertos y transformables, no solo se entretienen.
Desarrollan coordinación, imaginación, autonomía y una relación más profunda con su entorno.
En un mundo cada vez más digital, volver a lo tangible no es retroceder, sino ofrecer a la infancia el equilibrio que necesita para crecer de manera sana y plena.
-
American Academy of Pediatrics (2016). Media and Young Minds.
-
UNICEF (2018). The Power of Play.
-
Pikler, E. (1969). Peaceful Babies, Contented Mothers.
-
Montessori, M. (1949). The Absorbent Mind.
-
Alliance for Childhood (2004). Tech Tonic: Towards a New Literacy of Technology.
-
Almon, J. & Miller, E. (2011). The Crisis in Kindergarten.
-
Steiner, R. (1923). The Education of the Child in the Light of Spiritual Science.



